Hola queria compartir con vosotros unas cuantas líneas de un libro que he descuvierto, lo ire suviendo al blog poco a poco, he entendido y he comprendido muchas cosas de la palabra de Dios y creo que ha vosotros tambien os puede ser util. Este libro se llama Se Hizo Hombre del autor Pablo Hoff, trata de la biografia de Jesucristo tal como se relata en los Evangelios Sinópticos. Es un estudio de su vida que expone la situación historica de su época e interpreta el texto biblico según los principios hermenéuticos.
EL REINO DE LOS CIELOS
¿Qué significa la expresión, "el reino de Dios"? En el Antiguo Testamento los profetas hablaron muchas veces del reino futuro de Jehová, un reinado mesiánico y universal de justicia, paz y prosperidad.
Los judíos creían que Dios establecería un reino material y que reinaría sobre las naciones paganas a través del Mesías y de la nación judía.
La noción del reino de Dios se encuentra en los discursos de Jesucristo difiere mucho de la idea que prevalecía entre los judíos. Es un reino que llega con Jesús y que El viene a instituir. En cierto sentido, la persona de Jesús constituye en sí misma el reino de Dios entre los hombre (Mateo 4:17; 12:28; Lucas 17:20,21). Todo reino necesita tener un rey, un dominio y unos súbditos. En Cristo rey, el reino se convierte en una realidad presente. Sin embargo, no es un reino político, territorial o temporal. Jesús afirma: “mi reino no es de este mundo” (Juan 18: 36). Con todo, “tampoco es un reino solamente moral y espiritual, abstracto y eternamente ultraterrestre”. Se está refiriendo a la soberanía de Dios en el corazón humano. A sí lo expresa en el padrenuestro: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra”. Mateo 6:10. Donde quiera que haya hombres que hagan la voluntad de Dios, se encuentra el reino, o más bien, el reino de Dios.
Jesús enseña que el reino es como la semilla de mostaza que crece de una manera extraordinaria; como la levadura que transforma intermitentemente la masa; como un tesoro escondido o en una perla de gran precio y también como una red que recoge toda clase de peces buenos y malos (Mateo 13).
Aunque el reino de Dios haya llegado en la persona de Jesús, y se desarrolle en el tiempo presente no se limita a esta época. Tendrá una consumación futura. Nuestro Señor habla acerca de un suceso situado en el porvenir: “el reino de Dios venido con poder” (Marcos 9:1), el cual se relaciona con su segunda venida (Marcos 8:38; Mateo 25:1). Al venir nuevamente Jesús, se establecerá el gobierno de Dios sobre todo el mundo. Por tanto, el reino tiene dos aspectos: el presente y el futuro.
Compara el reino a la fiesta de bodas de un rey oriental (Mateo 22: 1,14). Los súbditos del reino disfrutan de toda las bendiciones divinas: perdón, salvación y una vida eterna. Entran en el reino al arrepentirse y creer en el hijo de Dios (Marcos 1:14,15; Juan 3: 1,16). Los milagros de Jesucristo, en especial la expulsión de demonios, “atestiguan el hecho de que el gobierno soberano de Dios está alcanzando al hombre” (Mateo 12: 38). El triunfo final del reino es escatológico y comprende la derrota y el juicio de Satanás y sus ángeles (Mateo 25:41). Entonces Cristo será entronizado y reinara eternamente con los santos (Mateo 25:31; Lucas 19: 11,27).
En el Evangelio de Mateo en el primer discurso "Sermón del Monte", se establecen los principios fundamentales del reino de Dios. En él se halla la médula y la quintaesencia de la enseñanza de Jesús acerca del reino de los cielos, sus súbditos y la conducta de éstos.
Jesús les quiere impartir enseñanzas a sus discípulos en cuanto al carácter del reino. Los que van a anunciar el mensaje de Cristo deben entender primero la naturaleza de su reino y manifestar en su vida el poder transformador de su Rey. Jesús no tiene la menor intención de que sus seguidores vivan en el plano de lo ordinario, sino en el de lo sobrenatural. Seguir al Señor Jesucristo significa iniciar una nueva vida, con nuevos hábitos de conducta. Exige desechar las normas acostumbradas en el mundo, incluso el mundo religioso. Las normas establecidas en el Sermón del Monte fueron delineadas para guiar a todos los creyentes en su viaje terrenal hacia el reino de Dios. Por consiguiente, estas enseñanzas van dirigidas a nosotros también, y no hay posibilidad de soslayar sus fuertes exigencias.
Así lo presenta Mateo (5:1-7:29).
A. Las características de los súbditos del reino mesiánico (5:3-16).
B. Las leyes morales del reino (5:17-48).
C. Las observancias religiosas (6:1-18).
D. El desprendimiento de los bienes y la consagración a Dios (6:19-34).
E. Las relaciones con el prójimo (7:1-12).
F. Instrucciones referentes a la entrada en el reino (7:13-29).
A. Características de los súbditos del reino. (Mateo 5:3-16)
1 El nuevo espíritu y el gozo de los súbditos.
Cristo señala que los felices en el reino mesiánico no serán los poderosos, los pudientes, los autosuficientes y los que tienen el aplauso del mundo, sino más bien los humildes, los acongojados, los compasivos, los que reconcilian a los que pelean y los perseguidos por causa de Cristo.
Este gozo brota en el alma del creyente porque es poseedor del reino y de sus dones. No es algo que recibirá en el cielo, sino algo que ya posee. No es una dicha pasajera, como la del mundo, sino una felicidad duradera que nadie ni nada puede quitar.
Los pobres en espíritu.
Mateo no se refiere a la pobreza material. Los pobres en espíritu son los que están desilusionados con su propia persona y reconocen su profunda necesidad espiritual. Se dan cuenta de que les faltan la justicia que agrada a Dios y los recursos para llevar una vida santa. La pobreza de espíritu nos conduce a buscar el perdón y la ayuda de Dios; nos enseña a confiar sólo en El para vencer las tentaciones, soportar las pruebas, hacer su obra y satisfacer las necesidades más profundas de nuestra alma. Por eso, la bienaventuranza de los súbditos del reino comienza con esta actitud.
Los que lloran.
Son aquellas personas que lloran por su propia conciencia porque ven su pecado, sufren por las penas y los sufrimientos de los demás, se afijen por el estado de perdición en que se halla el mundo, lamentan en lo más profundo de su corazón las pérdidas, las desilusiones y padecimientos que experimentan los que lloran.
Los mansos.
La traducción (Versión popular) "los humildes de corazón" es más exacta. Se refiere a un espíritu suave, apacible, que no reacciona mal ante el antagonismo o las ofensas de los demás. Es lo opuesto a un espíritu orgulloso, susceptible, impaciente, vengativo y violento. El mundo tiene el concepto de que el hombre manso es tímido, débil y sin firmeza de carácter. En cambio, la mansedumbre a la que se refiere el Señor se refiere al dominio propio. Es la fortaleza revestida de suavidad.
Los que tienen hambre y sed de justicia.
Son aquellas personas que anhelan ver, tanto el triunfo de Dios sobre la injusticia y la maldad en el mundo, como las personas que tienen un deseo ferviente, desean intensamente que la voluntad de Dios se cumpla sobre sus propios deseos.
Los misericordiosos.
La traducción (Versión popular) "los que tienen compasión de otros". Son los que alivian las necesidades del menesteroso y curan sus heridas. En la Iglesia primitiva estas personas ejercían ministerios que consistían en repartir bienes a los pobres, prestarles ayuda y otras obras de compasión.
Los de limpio corazón.
La traducción "limpio" significa lo opuesto al "doble animo", que quiere decir "sin mezcla, no adulterado, sin aleación". Se refiere a una motivación pura y sin mezcla de mal alguno. Desgraciadamente, muchas personas sirven a Dios con una mezcla de motivos: algunos buenos y otros interesados. Jesús nos enseña que del corazón proceden las malas intenciones, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las injurias para contaminar a todo el hombre. De un corazón limpio procede pensamientos buenos, amor y buenas obras.
Los pacificadores.
Es muy fácil sembrar el descontento contra otros, el odio, la división y el rencor, pero es difícil reconciliar a los que pelean. Cristo nos enseña a no ser contenciosos, sino embajadores de la reconciliación. Bienaventurados los que apagan el odio y ponen paz entre los contendientes. Sobre todo, dichosos los que reconcilian a los hombres con Dios, predicando el evangelio. Ellos serán reconocidos como hijos de Dios, aun por los inconversos.
Los que padecen persecución por causa de la justicia.
Las persecuciones injustas no deben causar en los hijos del reino ninguna tristeza, ira o encono. Antes bien, deben ser motivo de gran alegría; no por causa de la injurias y la humillaciones, sino porque su galardón es grande en los cielos. El creyente perseguido por la causa de Cristo comparte los padecimientos de su Señor y reinara con El. Además, "las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse". Finalmente, la persecución que sufren los cristianos demuestran que son sucesores de los profetas, muchos de los cuales sufrieron la muerte por su valiente predicación.
2. La influencia y la responsabilidad de los súbditos del reino
Jesús ha descrito el carácter de sus seguidores; ahora habla de su influencia sobre el mundo. Emplea dos metáforas, la de la sal y la de la luz, para explicar el papel que ha de desempeñar.
Así como la sal evita la corrupción de la carne y otros alimentos, también los hijos del reino impiden la putrefacción rápida y completa de la sociedad en que viven. Aunque la conducta moral del creyente no puede purificar el corazón del mundo, sí tiende a influir sobre él para que se comporten mejor, con lo que detiene el desarrollo de la inmoralidad y del pecado. "Pero si la sal se desvaneciere"; o sea, si el súbdito del reino no mantiene su separación del mundo, perderá su sabor, su influencia como hijo de Dios. La mundanalidad anulará su misión.
Para el mundo que camina en la oscuridad de la ignorancia espiritual y el pecado, los cristianos deben ser como luces. Son la luz por medio de la cual los hombres pueden ver la verdad acerca de Dios. Alumbran el camino que lleva a la casa del Padre celestial; dan ejemplo de cómo comportarse de una manera agradable a su Creador.
Ahora bien, los discípulos de Cristo no deben esconder su luz; no deben ser seguidores secretos del Maestro. En las oscuras casas de Palestina, los israelitas colocaban la lámpara en alto para que alumbrara todo el interior.
La misión primordial de la lámpara es que todos la vean, e iluminarlo todo. De igual manera, el creyente debe testificar abiertamente y dar gloria al Padre celestial mediante sus buenas obras.
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